lunes, diciembre 18, 2006


Esas benditas hormonas

Me encanta ser mujer. De verdad que sí. A pesar de los cambios de humor, las horas de peluquería, depilación, y maquillaje (y por supuesto desmaquillaje) que hay que padecer. Me gusta ser sensible, darle vueltas a las cosas, empeñarme en algo o en alguien, no entenderme con otras mujeres a pesar de estar diciendo lo mismo, e incluso no comprender a los hombres en su bendita sencillez, por estar siempre buscando una vuelta de tuerca más que ellos por supuesto ni se han planteado.

Pero los días que una se levanta con la lupa gris en lugar de las gafas rosas, y que haciendo uso de la lógica dice.-¿por qué estoy triste?.- y no encuentra la razón, esos días odio mi feminidad y el baile de hormonas. Porque le echo la culpa a las benditas hormonas por hacerme sentir esta desazón constante, y esa lágrima fácil simplemente porque me he tenido que cambiar de acera para cruzar. La culpa también puede ser de la física y química que compone nuestro cuerpo y que nos anima a mentirnos sobre aquello de que la ingestión compulsiva de chocolate en estos momentos es positiva para "equilibrar" la falta de azucar. Luego estamos dos kilos más gordas, igual de locas, y con las mismas hormonas disparadas.

Estas benditas hormonas, que me hacen ser muy mujer, muy sensible, muy tristona, son las mismas que me hacen ser muy mujer, muy divina y muy diosa. ¿Quién querría ser mujer sin experimentar estos cambios de humor?

Pues permítanme decirles que a mí no me importaría nada ahorrame este par de días ñoños al año que tenemos que sufrir por esas benditas hormonas. Que inventen de una vez la depilación definitiva de las depresiones femeninas, por favor, y que me dejen con las otras 95 mil cosas maravillosas de ser mujer.

martes, diciembre 05, 2006


Mi hombre del tiempo

Hay cosas cotidianas que siempre gustan. Yo llevaba muchos años siguiendo la previsión metereológica en una cadena concreta. Lo hacía porque allí estaba Mi hombre del tiempo, aquel de corbata sombría y traje conservador . El llegó antes que yo. También llegó antes que todos aquellos otros locutores que intentaban diferenciarse y ser esos "hombres y mujeres del tiempo a la americana". Toda esta nueva generación que intentaba llamar la atención y convertir los 5 escasos minutos en un auténtico hito en la vida de los españoles. Que si me pongo con paraguas en mitad de la calle con riada para indicar que llueve mucho; que si el "se esperan nubes y claros" lo digo con una coletilla "osea, osea", para que la gente me imite como al del busque, compare y si encuentra algo mejor...; que si lo digotodoseguidosinrespirar; o que loooo diiiiiiiiggggooooo mmmmuuuyyy leeeentooo.

Pero mi hombre del tiempo no necesitaba recurrir a todos esos artificios. El llegaba, con su pantallita azul detrás y mapa superpuesto, y decía de corrido si iba a llover, o a nevar, o si la piel de toro iba a estar repletita de soles. A pesar de la neutralidad con la que transmitía la previsión, el me daba la información más humana, porque algunos días yo le notaba la lengua trabadilla. Y esos días me acordaba de los obreros y los bocadillos, la copita de anís del mono mañanera, los carajillos después de comer, los jubilados apostados en la plaza, y del bar de siempre donde nos reuníamos los amigos después de clase. También me hacía reir, aunque reconozco que era una risa con cierto deje amargo....¿había sido una reunión con los colegas lo que te trababa la lengua, o los golpes de la puta vida?

Sin respuesta a esta pregunta, me quedo sin verte más. Un ERE se ha encargado de recolocarte la vida, a tí y a muchos clásicos más de RTVE. Por eso te brindo este pequeño homenaje desde este blog. Salud amigo!